"Me sobraron unas pastillas del tratamiento pasado, te las regalo" — es una frase común entre familiares o amigos, pero cuando se trata de antibióticos, es una de las prácticas más riesgosas que existen en el uso de medicamentos.
Por qué cada tratamiento con antibiótico es distinto
Un antibiótico se prescribe para un tipo específico de infección, causada por una bacteria específica, en una persona específica. Lo que sirvió para el dolor de garganta de una persona hace unos meses puede no servir en absoluto para lo que otra persona tiene ahora — incluso si los síntomas se parecen.
El problema de no completar el tratamiento sobrante
Cuando "sobran" antibióticos, generalmente es porque el tratamiento no se completó como fue indicado:
- Un tratamiento incompleto puede dejar bacterias parcialmente debilitadas pero no eliminadas, que luego pueden volver a multiplicarse.
- Esas bacterias sobrevivientes tienen más probabilidad de volverse resistentes a ese antibiótico.
El riesgo de la resistencia a los antibióticos
La resistencia bacteriana a los antibióticos es reconocida a nivel mundial como uno de los mayores riesgos para la salud pública. Cada vez que un antibiótico se usa de forma incorrecta —compartido, sin receta, sin completar el tratamiento, o para algo que no es una infección bacteriana— se contribuye a que ese medicamento sea menos efectivo para todos en el futuro, no solo para quien lo usó mal.
Por qué tampoco se deben "guardar para la próxima vez"
- El nuevo cuadro puede no ser causado por bacterias (muchas infecciones respiratorias son virales, y los antibióticos no hacen nada contra virus).
- La dosis o duración que corresponde puede ser distinta según el tipo de infección actual.
- Puede enmascarar síntomas y retrasar un diagnóstico correcto de lo que realmente está pasando.
¿Qué hacer si sobran antibióticos?
Lo correcto es no guardarlos "por si acaso" y desecharlos de forma adecuada, o consultar en tu farmacia si tienen un punto de recolección para este tipo de medicamentos.
En resumen
Los antibióticos no son intercambiables entre personas ni entre episodios de enfermedad, y usarlos mal tiene consecuencias que van más allá de la persona que los toma. Ante una posible infección, lo correcto siempre es una evaluación médica, no una pastilla prestada.